Había hecho hasta entonces esculturas en hierro, madera y en todo tipo de materiales, pero en el año 1992 -gracias a una generosa invitación de la familia Fischer, mis buenos amigos de Frankfurt-, pude por primera vez modelar el barro durante una corta estancia en la ciudad española de Valencia. Allí, desde un principio, dejé que la cerámica fuera la única protagonista, pues yo no quería ser el artista caprichoso que se empeña en tener razón y somete al barro hasta convertirlo en una escultura u objeto aburrido. Al contrario, para mí el barro era como un amigo que esperaba pacientemente a que yo aprendiese su lenguaje para que pudiéramos empezar a dialogar.

Víctor Mira. Vasija, 1994, 29 x 50 x 50 cm

Víctor Mira. Vasija
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