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Por un tiempo, mis manos se excedieron de sus límites. Sentí que volaban y eso me pareció una señal de insconstancia, una secuela de la desilusión que suele acompañar al deseo insatisfecho. Fuera de mi taller es donde estaba la verdad de los acontecimientos, el mundo se agitaba a mi alrededor y yo quería decir lo que tenía que decir de una manera sencilla, sin efectos especiales. Nada mejor, entonces, que el silencio para escucharme, para oír mi voz. Pero, si cuando el silencio se establece el sonido se desvanece, también es cierto que, llegados a un punto, eso no importa, pues es nuestro propio corazón el que produce sonidos y silencios, siendo unos y otros no más que diferentes estados de nosotros mismos, como la lluvia y la nieve lo son del agua.

Sometido a temperaturas extremas, el barro se hace luz y transparencia,

Taller de Víctor Mira. Munich, 1992 - 1994

 

y la manera de trabajar en las Bachcantatas consistía en dejar que ardiese en ellas todo lo que podía consumirse. Trabajaba en silencio, sin anhelos y sin complicaciones. El trabajo todo lo modificaba a su paso y así fue como surgieron unas obras que permanecen mudas, contestando sólo cuando se les pregunta, y sin producir en sus respuestas interpretaciones intelectuales o caprichosas.

Continuación 6/6

 

 

 


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