Me propuse, entonces, hacer una obra
que rompiera la línea que separa al pintor del ceramista y, con arcilla
blanca como los huesos, modelé un cráneo, símbolo clásico
de la longevidad, como testimonian los numerosos poemas japoneses que aluden
a sus cien ojos de vida expectante. Un cráneo no entendido como vanitas,
sino como concentración, como piedra que medita inalterable.
En los trabajos sobre los Antihéroes que precedieron a
las esculturas cerámicas de la misma serie, los vientres vaciados y
rellenos de joyas y utensilios cotidianos de las figuras ejercen una acción
casi hipnótica sobre el que los contempla.

Víctor Mira. Antihéroe
Ampliación
Son una imagen de nuestro mundo: peligro, enfermedad y muerte
inminente. Cuerpo humano creado con una tierra en donde la realidad cotidiana
no es distorsionada por visiones irreales.
El artista da forma al mismo barro del que él está
constituido, demostrando así su fe en la naturaleza de la que participa.
Por eso elegí para los Antihéroes el barro que, una vez cocido,
más se pareciese a la carne y a la tierra quemada.

Víctor Mira. Antihéroe
Ampliación
Víctor Mira. Cráneo

Víctor Mira. Antihéroes

Víctor Mira. Antihéroes
El antihéroe y el artista están unidos por el elemento
mágico de la transformación, pues ambos son de esencia fertilizadora,
ambos son herida de la madre tierra, herida contaminada por la energía,
por el semen, por el poder.
Como antihéroe, el artista -compañero de todos
los hombres y su doble- representa una metáfora modélica. Una
metáfora, pero también un idilio con lo eterno, es decir, con
esta tierra tan repleta de bienes.
Víctor Mira, diciembre de 1997
Véase
Antihéroes, Teatro
Véase
Antihéroes, Pintura

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