Madrid, Estación del Norte
Desde las ventanas de la casa de mis padres en Zaragoza veía las montañas de Juslibol que, a lo lejos, cortaban el horizonte. Allí solía ir con frecuencia, atravesando campos de maíz más alto que yo, un maíz amarillo de panochas requemadas que, a veces, arrancaba para refrescar mi boca.
Pocas cosas mejores había que aquella de subir a las montañas y adentrarse en un mundo olvidado de los hombres. Montañas doradas en las que yo vivía sin futuro, identificándome con una tierra que había renunciado a la conversación vana y perseveraba serena en su misterio.
Zaragoza y su cultura aparecían ante mis ojos como un esqueleto blanquísimo y cuando me alejé de ellas lo hice buscando, sólo ahora lo sé, una nueva luz para mi conciencia.
Fragmento del primer capítulo de Humus. 1994-1998


Éxtasis
No quiero estar atado a ideas ni reposar en el confor que ellas ofrecen. No deseo esa felicidad que distorsiona, vengativamente, a los confiados. Sé que todo es provisional y así acepto los días y mi trabajo en una actividad sin sueños. Con los ojos abiertos a la gloria de lo oculto, de lo que yace en el interior de la tierra, me siento bulbo retorcido en su negrura, pero lleno de futuro en la alegría, en el éxtasis de la espera.
Hundido bajo tierra, sintiendo su poder, su tremendo latido, el mismo que sueño en proporcionar a mis pinturas, sólo puedo pensar en dar a mis trabajos la grandeza de una sencillez fervorosa.
Fragmento del cuarto capítulo de Humus. 1994-1998

1994-1998
Víctor Mira. Humus. 1994-1998. Diputación Provincial de Zaragoza. Libro inaugural de la "Colección Baltasar Gracián". Zaragoza, 1998