Puse mis ojos de ateo en una música perfecta porque
deseaba crear su réplica en imágenes, y eso que siempre supe
que sin ellas las cosas del alma suben más derechas a Dios.
Así, de mis manos vacías de fe fueron surgiendo
con humildad, con santa simplicidad estas Bachcantatas que debían ser
casi perfectas para que, de ese modo, el aliento recibido no me fuese atribuido
a mí sino al Señor.