Dos voces, la de Bach y la de Beethoven, que se suceden en diálogo cotidiano, siendo una timón y luz de esperanza y la otra humanísima comprensión e identificación.
Siento a Bach como al padre al que acudo en busca de consuelo, un padre de poderosa arquitectura estabilizadora. Es el padre que nos quiere y nos procura orden.
Y veo en Beethoven al hermano que emocionado nos confía sus cuitas, al hermano con el que se puede hablar de cosas íntimas, encontrando siempre en él la sinceridad y la comprensión de un corazón latiente, como latimos todos en el trabajo y en cotidiano vivir.
Víctor Mira, 1996